Vamos a recordar a quién teníamos al lado.

Vamos a recordar los domingos

Al final, cuando el fútbol deja de ser simplemente fútbol, se convierte en nuestra historia.

Hay momentos en los que está bueno frenar un segundo. No mucho, apenas lo suficiente para mirar alrededor y entender dónde estamos, qué estamos haciendo y, sobre todo, qué tenemos entre las manos. Porque después de 19 años haciendo torneos de fútbol, uno aprende que organizar partidos, armar una tabla, poner árbitros, cargar estadísticas y esperar que la pelota empiece a rodar es solamente una parte de todo esto. Lo verdaderamente difícil es construir una comunidad. Y mucho más difícil todavía es sostenerla durante tantos años.

Hoy somos un montón de personas que nos conocemos. Nos cruzamos todas las semanas, compartimos equipos, camisetas, rivales, amigos, discusiones, goles, derrotas, abrazos, cargadas y también algún que otro enojo, porque esto sigue siendo fútbol y el fútbol tiene sangre, tiene orgullo, tiene esa adrenalina que hace que a veces uno vea una falta donde el otro ve una buena marca. Somos humanos. Nos calentamos. Nos equivocamos. A veces estamos al borde. Y justamente por eso hay que entender el valor de haber construido un lugar donde, en general, podemos volver la semana siguiente, mirarnos a los ojos y seguir jugando.

Eso no ocurre solo. No aparece porque sí. Un ambiente saludable no lo fabrica una persona desde afuera. Lo construyen todos los que entran a la cancha. El capitán que baja un cambio. El jugador que acepta una decisión aunque no le guste. El que después de una patada da la mano. El que entiende que el rival no es un enemigo. El que sabe ganar sin humillar y perder sin destruir. El que se banca una derrota y vuelve siete días después con las mismas ganas de ponerse los botines. Son pequeñas cosas, casi invisibles, pero juntas terminan formando algo enorme.

Y quizás por eso esta última fecha del Clausura tiene algo especial. Porque cuando uno mira la tabla sabe que no todos van a llegar al mismo lugar. De los 23 equipos, solamente tres van a terminar campeones y dos van a conseguir un ascenso. El resto no va a levantar una copa ni va a festejar un salto de categoría. Y sin embargo, sería un error enorme pensar que esos equipos no tienen nada por jugar. Porque el fútbol no empieza ni termina en una tabla.

Hay equipos que llegan a estas últimas fechas con los dientes apretados, con la calculadora en la cabeza, sabiendo que cada pelota dividida puede valer una temporada. Hay otros que ya no juegan por un campeonato ni por un ascenso y quizás justamente por eso pueden disfrutar de otra manera. Pueden probar, pueden filmar, pueden reírse más, pueden jugar con menos peso encima, pueden terminar la temporada simplemente felices de haber compartido otro día de fútbol con sus amigos.
Y eso también es competir. Eso también es jugar.

A veces nos enseñaron que solamente vale la pena aquello que termina con una medalla. Que el éxito está en ganar. Que una temporada se mide por la posición final. Pero cualquiera que haya jugado al fútbol durante algunos años sabe que no funciona así. Hay partidos que ganaste y olvidaste. Hay partidos que perdiste y todavía recordás perfectamente. Una asistencia, un gol de tiro libre, una atajada imposible, un caño, una corrida, una cargada en el vestuario, un compañero que te abrazó cuando estabas destruido, una mañana de lluvia, un partido que parecía perdido y terminó siendo inolvidable. El resultado queda escrito en una estadística. El recuerdo queda en otro lugar.

Johan Cruyff decía que jugar al fútbol es muy sencillo, pero jugar un fútbol sencillo es lo más difícil. Y quizás con la vida pase algo parecido: sabemos que estamos acá para disfrutar, pero muchas veces hacemos demasiado complicado aquello que debería ser simple.
Ponerse la camiseta. Encontrarse con los amigos. Entrar al verde césped. Correr detrás de una pelota. Competir. Reírse. Enojarse un poco. Volver a intentarlo. Saludar al rival. Terminar el partido. Volver a casa. Esperar siete días. Y repetir. Eso es muchísimo.

Después de 19 años, hay algo que también deberíamos entender: el prestigio de una liga no lo construye una copa. Tampoco una tabla de posiciones, una estadística o una publicación. Lo construyen las personas. Y especialmente lo construyen las generaciones que pasan y dejan algo para los que vienen después.

Cada uno tiene una responsabilidad pequeña dentro de esta historia. No hace falta hacer grandes cosas. A veces alcanza con no cruzar una línea. Con no transformar una discusión en una pelea. Con recordar que del otro lado hay alguien que también vino a jugar con sus amigos. Que tiene una familia, un trabajo, problemas, alegrías y probablemente estaba esperando toda la semana para tener estos cuarenta minutos de fútbol. Y eso vale. Vale muchísimo.

Porque el día que dejemos de cuidar ese espacio, desaparece algo que tardamos años en construir. Y no hablo de una organización, de una página, de una cancha ni de un torneo. Hablo de esa sensación de llegar y sentir que uno pertenece. De conocer al que juega enfrente. De saber quién ataja, quién mete, quién protesta, quién llega tarde, quién siempre tiene una excusa, quién hace un golazo y quién después lo cuenta durante tres meses. De todo ese universo que se fue armando casi sin darnos cuenta.

Quizás todavía no dimensionamos lo que estamos viviendo porque estamos demasiado adentro. Pero algún día vamos a mirar para atrás. Y probablemente no recordemos si aquella temporada terminamos segundos, quintos, séptimos o últimos. No vamos a acordarnos de todos los resultados. Algunos ni siquiera vamos a recordar contra quién jugamos determinado partido.

Vamos a recordar a quién teníamos al lado. Vamos a recordar las tardes. Las camisetas. Las cargadas. Los goles. Los amigos que estaban. Los que se fueron. Los que aparecieron después. Las historias que empezaron en una cancha y terminaron siendo parte de nuestras vidas. Porque al final, cuando el fútbol deja de ser simplemente fútbol y se convierte en parte de nuestra historia, el marcador empieza a perder importancia.

Y ahí aparece lo verdaderamente grande. No se trata de dejar de competir. Todo lo contrario. Hay que competir. Hay que querer ganar. Hay que defender la camiseta, correr la última pelota, meter la pierna, presionar, retroceder, cerrar líneas, hacer una cobertura, buscar el gol y jugar cada partido como si fuera importante. Porque si no hay pasión, esto tampoco tiene sentido.

Pero una cosa es competir y otra muy distinta es olvidarnos de por qué empezamos a jugar. Jugamos porque nos gusta. Jugamos porque nos hace bien. Jugamos porque durante cuarenta minutos podemos volver a ser aquellos pibes que solamente necesitaban una pelota y un par de amigos para ser felices. Y eso, después de 19 años, quizás sea el verdadero campeonato. No el que aparece en la tabla. El que se juega todas las semanas en cada cancha, cada vez que alguien se pone una camiseta y vuelve a encontrarse con los suyos.

Por eso esta fecha no debería ser solamente una más del Clausura. También puede ser una invitación a mirar un poco alrededor. A disfrutar el camino que le tocó a cada uno. Al que pelea arriba, al que pelea abajo, al que ya no juega por nada, al que está buscando su primer triunfo, al que viene de ganar todo y al que todavía está esperando ese partido que algún día va a contar mil veces. Todos forman parte. Todos dejan algo. Y todos tienen algo para llevarse.

Cuidemos esto. Entre todos. Cada uno desde su lugar. Porque los ambientes lindos no se sostienen solos. Se sostienen cuando cada persona entiende que sus decisiones también afectan al de al lado. Cuando el fútbol sigue siendo competencia, pero no deja de ser encuentro. Cuando podemos ganar y festejar, perder y aprender, empatar y seguir hablando del partido durante horas. Que nunca nos olvidemos de eso.

Porque quizás dentro de muchos años, cuando ya no podamos correr como ahora, cuando las piernas no respondan, cuando las camisetas queden guardadas en un cajón y la pelota pase a ser apenas un objeto de otro tiempo, lo que realmente nos quede no sea aquella tabla ni aquel resultado. Nos van a quedar las historias. Los amigos. Las noches. Las risas. Los abrazos. Y esa sensación hermosa de haber sido felices, aunque haya durado solamente cuarenta minutos. Junto al balón y los amigos.

Quizás no necesitemos mucho más.

Richerdi FC

Un Equipo FC

4

5

Nro Jugador Goles Pts Nro Jugador Goles Pts
1 Godaly, Agustín 6,5 1 Cuba, Cristofer 7,5
5 Cirilo, Martiniano 6,5 7 Otero, Thiago 2 8,0
7 Pérez, Agustín 6,0 9 Cerneaz, Lucas 6,0
8 Tesone, Joaquín 1 7,0 10 Guzmán, Enzo 2 8,5
9 Vuga, Bautista 6,0 11 Bettelani, Bruno 7,5
11 Gimenez, J. Manuel 1 7,0 16 Aira Pace, Ramiro 6,5
19 Ventriglia, Lucas 6,0 41 Caggiano, Agustín 1 7,5
20 Guida, Fernando 1 7,0
94 Domini, Thiago 1 7,0
PROMEDIO: 6,56 PROMEDIO: 7,36
PARTIDO: Muy bueno ÁRBITRO: Ezequiel
AMONESTADOS:

Otros resultados de la fecha

CLAUSURA 2026

Primera B - Fecha 5 - 13/09/2026
Richerdi FC 4 - 5 Un Equipo FC
Cronos FC 8 - 1 La Masía
Asado Group 7 - 3 Chascarrillo